Bueno, como me aburro, pues posteo un Fic que he terminado hace unas horas para un concurso de un foro de rol de Bleach en el que estoy, si os gusta bien y si no pues también xDDD
_____________________________________________________________
Tiempos tranquilos, al menos de momento no hay nada que rompa el por lo general impertubable silencio de Hueco Mundo, únicamente en el Bosque Menos sucedía esto. Este mundo, gobernado por su luna de forma simbólica, por la Ama Aka Midou con la total autoridad y después por el Capitán Renegado Set Nezar. Este pensamiento invadía mi mente algunos de los días de mi vida, mientras paseo por este árido y a su vez hermoso mundo como es habitual en mí, todo por aquel astro que siempre permanecería allí siendo testigo de los acontecimientos que sucedían en Hueco Mundo.
Mientras caminaba por el vasto desierto tras haberme despertado del sueño que me asaltaba por las noches, miré mi mano derecha, en cuyo dorso ahora reposaba el número que me indentifica como Cuarto Espada... Raajya Izahru, Cuarto Espada, ese soy, no, ése es mi cargo, ser fuí el mismo siempre, tanto bajo las órdenes de Nagaro como bajo las órdenes de Kyuzo, y ahora, al igual que siempre, bajo las órdenes de la Ama. Con una mera señal de mi mente, un resplandor blanco recubrió dicha mano, el poder que obtuve una vez muerto y convertido en Hollow: la capacidad de acumular las partículas espirituales del entorno para después unirlas a mi propio cuerpo para reforzarlo físicamente, o para introducirlas en mi interior y así mejorar los ataques espirituales, funcionando de esta manera de forma pasiva, convirtiéndome de este modo en el Espada con los Ceros más poderosos de todos.
Debo reconocer que el hecho de que aquel hombre me asesinara no ha hecho más que mejorar mi vida; ciertamente el primer siglo fue un auténtico infierno, las primeras décadas como hollow fueron lo peor: Shinigamis atacándome sin piedad alguna, sólo podía causar terror y destrucción hacia los humanos que tanto odiaba, mi poder era bastante precario... Supongo que mis capacidades estarían en cuanto al 10% del campo físico y espiritual. Por suerte para mí, al verme envuelto en el gigantesco cuerpo de un Gillian, mi irracional odio hacia los humanos me permitió superar la conciencia de los centenares de Hollows que lo componían, abriéndome paso en la escala evolutiva Hollow.
Continué caminando un poco más, el desierto se terminaba, las antiguas ruinas de Hueco Mundo, todavía desconozco los conocimientos que ocultan estos escombros pero sin duda parece que fue algo grande en su tiempo, recuerdo haber venido aquí cuando era Adjucha... En ese estado estuve muchísimo tiempo y ahí la capacidad de mi poder estaba en un 15% y 35% respectivamente, bastante cercano al que tenía cuando finalmente me convertí en lo que soy, un Arrancar...
Debería entrenar un poco, en cualquier momento podría pasar cualquier cosa y ser requerida la intervención de los Espadas, pero ese no era el lugar, las ruinas no, necesitaba un ambiente más hostil, un ambiente como... El Bosque Menos, un bosque plagado de Menos Grande tales como Gillian o incluso Adjuchas. Se dirigió ahora hacia aquel lugar, un bosque oculto bajo el desierto de Hueco Mundo, ese sería un lugar bastante apropiado para aumentar mi concentración y la rapidez y eficiencia de mi poder pues no hay nada mejor que tratar de concentrarse con todo el ruido de hollows matándose entre ellos.
Caminé y caminé, atravesando el desierto de Hueco Mundo llegando al fin a aquel bosque de piedra, el hogar de los Menos Grandes, donde entrenaría para ser más eficiente en el uso de mi poder para así poder servir con mayor eficiencia a Hueco Mundo. Terminé encontrando un claro en mitad de aquel infernal bosque, mirando a mi alrededor vi que aparentemente no había nadie a pesar de que con mi Pesquisa podía localizar montones de hollows, mi reiatsu estaba en mínimos asi que era probable que no supieran el poder que guardaba y que quisieran devorarme; no los culpo con ello, sobrevivir o morir, así es la vida de un Hollow, en Hueco Mundo deben luchar por su supervivencia, en el Mundo Humano también, los cazan como si fueran bestias, ellos únicamente se alimentan aunque son tratados como si su existencia fuera un insulto.
Mientras mis pensamientos se encontraban en el trato que recibían los Hollow, yo caminaba hacia el centro del claro, sentándome pues lo primero para alcanzar la total concentración era meditar, algo típico en los samurais. Después de sentarme en el centro del claro del bosque, comencé a concentrarme para utilizar mi poder, para lograr esta concentración, decidí ponerme a pensar en lo que era, en lo que seguía, en mis motivos para hacerme más fuerte, que no eran otra cosa que la defensa de Hueco Mundo y de sus compañeros Arrancar, no había más...
¿Qué sigo? Mi código... Gi, honradez y justicia, para muchos estas palabras no significarían nada dichas por un habitante de Hueco Mundo pero es lo que sigo fielmente, sólo existe lo correcto y lo incorrecto, no existe otra justicia que la de uno mismo. Yu, valor heroico, soy arriesgado, peligroso, vivo de forma plena y completa, inteligencia y fuerza para que este valor no sea ciego y me lleve a la muerte. Jin, compasión, debo utilizar mi poder para el bien, ¿el bien? mi mundo es el bien y por ello utilizaré mi poder para protegerlo, debo ayudar a mis compañeros sin importar las circunstancias...
Finalmente una de aquellas presencias hizo aparición, por su nivel de poder podía deducir que se trataba de un Adjucha, interrumpir una meditación era de mala educación pero bueno, le serviría también para entrenar sus reflejos aunque con unos movimientos tan torpes como los de aquel hollow de poco le serviría. Sin siquiera moverme del sitio, un golpe seco con mi Zampakutô envainada fue suficiente como para dejarlo sin ganas de luchar mas no lo maté, todavía no le había llegado la hora, todos cometemos estupideces al fin y al cabo, morir por una no es algo agradable.
Después de aquella interrupción continué meditando sin prestar atención a nada, sólo estábamos mi silencio personal y yo, todavía meditando mientras mi poder se iba manifestando solo en el exterior, hombros, brazos, piernas, todo mi cuerpo era recubierto por aquel leve resplandor blanco. Una ligera sonrisa se dibujaba en mi rostro, aún continuaba meditando sobre mi vida, mi concentración subía al ritmo que meditaba y con ello también lo hacía la eficiencia de mi poder al menos durante ese entrenamiento, un poder simple pero poderoso o al menos eso era lo que yo pensaba.
Rei, cortesía, no hay motivos para demostrar mi fuerza, sin respeto hacia los adversarios no soy mejor que los animales o que estos hollows que me acechan en espera de que muestre un signo de debilidad, momento en que me asaltarán sin piedad, lo sé, yo mismo fuí Adjucha, todo vale para sobrevivir, aunque espero que no sean tan estúpidos, este poder es para las amenazas para Hueco Mundo, no para sus habitantes. Makoto, sinceridad absoluta, cuando digo algo, es como si lo hubiera hecho, hablar y hacer son palabras similares para mí, no daré mi palabra, no prometeré, simplemente haré.
Finalmente... Chugo, el deber y la lealtad, soy responsable de aquello que hago y de sus consecuencias sean cuales sean, intensamente fiel a aquellos a los que he jurado lealtad, mis huellas indican mi camino, por eso... Debo tener precaución con mis decisiones y no tomar el mal camino pues éste quedaría marcado en mi por las huellas que dejaría en eĺ. Eso es... El Bushido, mi concentración está en mi límite, conociéndome a mí mismo el límite está en lo más alto posible, ya no escucho nada, no veo nada, sólo tengo mi alma, mi vida, y Hueco Mundo, nada más.
Me levanté con los ojos aún cerrados y giré mi cuerpo en dirección norte, donde había notado la mayor cantidad de hollows, respiró hondo, no utilizaría todo su poder ya que únicamente quería optimizar el uso de su poder, poder utilizar el mismo pero con un menor consumo de reiatsu, y para ello la mejor manera era atacar múltiples objetivos y analizar el cansancio que sentía tras cada golpe, debía conseguir no cansarse con los ataques menores.
- El credo en el que creo... No tengo parientes, hago que la Tierra y el Cielo lo sean. - Comencé a recitar al tiempo que comencé a moverme a gran velocidad hacia el bosque, abriendo los ojos y comenzando a atacar con mi Zampakuô envainada a los Adjuchas que encontraba, no morirían, únicamente quedarían inconsciente por un tiempo. - No tengo hogar, yo hago que mi cuerpo lo sea, Hueco Mundo será donde esté mi cuerpo, siendo éstos mi hogar. - Tres, cuatro, poco a poco iban cayendo, el cansancio era lo normal, debía canalizar mejor las partículas, encajarlas mejor al unirlas para así requerir de menos, todo valía para optimizar el uso de su poder.
- No tengo poder divino, yo hago de la honestidad mi poder. - Continué recitando mis creencias, aquello en lo que creía mientras continuaba golpeando hollows, aumentando a su vez el control sobre mí mismo, sobre mi poder. Seis, siete, ocho, continuaban cayendo inconscientes a medida que me desplazaba por el bosque, notaba que poco a poco iba mejorando pero aún no era suficiente, debía continuar... - No tengo medios, yo hago mis medios de la docilidad. - Dócil, así debía ser un samurai, fiel y dócil. Nueve, diez, incluso algunos árboles caían por los impactos de aquella vaina reforzada cuya fuerza de golpe era considerable aunque no aplicara todo su poder en ello, como si de un mazo de hierro se tratara, Fenrir caía sobre los hollows golpeándolos con fuerza. Estaba siendo un buen entrenamiento, los podría haber mejores pero esto tampoco estaba mal, jugar un poco con los hollow no le haría ningún daño.
- No tengo poder mágico, yo hago de mi personalidad mi magia. - Los hollows se ponía más violentos si es que era posible, comenzando así a resultar algo complicado atacar sin verse forzado a matarlos, comenzaban a organizarse, se movían de tal forma que no planeaban atacarme directamente, su inteligencia había crecido desde la etapa de Gillian, para sobrevivir se organizaban por grupos, algo inteligente. Terminaron rodeándome aunque por supuesto, seguía siendo un juego para mí, acabar con varios Adjuchas y algún que otro Gillian no me suponía un gran problema.
- No tengo cuerpo, yo hago del estoicismo mi cuerpo. No tengo ojos, yo hago del relámpago mis ojos. No tengo oídos, yo hago de mi sensibilidad mis oídos. No tengo extremidades, yo hago de la rapidez mis extremidades. - Recité mientras observaba cómo los Hollows que me rodeaban iniciaban su ataque, los Adjuchas atacaban cuerpo a cuerpo mientras que los Gillian atacaban con Ceros, técnica en la cual únicamente era superado por aquellas que se encontraban sobre los Espada. Esta razón fue suficiente para que me confiara, confianza que no me falló durante mi ataque, tomé a Fenrir, la posicioné horizontalmente tras de mí y finalmente tras cargar aquella vaina con un Cero, lo disparé mientras movía la espada formando un círculo completo, impactando esta ráfaga de energía con los cuerpos que encontró a su paso y acabando con ellos.
- No era mi intención pero son mis leyes... No tengo leyes, yo hago de mi auto-defensa mis leyes. - Tras esto, volví a colocar la espada en su sitio y continué caminando por el bosque, estrategia, ideas, principios, milagros, tácticas, muchas cosas de ese tipo conozco, y es que esa es mi vida, luchar por algo, utilizar mi poder para algo... ¿Tenían algún sentido las luchas? Claro, la vida era lucha, los conflictos eran normales, el mejor ejemplo de una vida de lucha era este mundo, Hueco Mundo, un mundo hostil donde no se estaba a salvo en ningún lado y, al igual que él había hecho con su poder, todos debían hacer lo mismo si no querían morir.
De nuevo tras caminar durante un tiempo, volví a ser asaltado por más Hollows, pude reconocer a varios de los que noqueé antes, ahora además habían reunido a una mayor cantidad de Menos, todos atraídos por la fuerza espiritual que emanaba mi cuerpo, aquel debía ser el precio de tener poder en un mundo así. Mi alma estaba algo inestable, me hacía falta cortar algo, cortar shinigamis, cortar hollows, cortar humanos, cualquier cosa bastaba, además sería otro modo de entrenar mi poder, aumentar el filo de mi espada con este poder.
- No tengo estrategia, yo hago de lo correcto para matar y de lo correcto para restituir la vida mi estrategia, lo correcto para matar... ¿Existe algo así? - Murmuré mientras lentamente desenvainaba a Fenrir que de tanto tiempo sin cortar, vibraba deseosa de sangre y yo le daría ese placer a mi espada, aunque la sangre de aquellos Hollows no iban a saciar al arma ni mucho menos, ¿o era él quien quería desgarrar? No importaba eso ahora, concentrándome, el resplandor blanquecino apareció en la Zampakutô formando un filo, muchísimo más afilado de lo normal capaz de cortar con un simple roce.
- No tengo ideas, yo hago de tomar la oportunidad de antemano mis ideas. No tengo milagros, yo hago de las leyes correctas mis milagros. No tengo principios, yo hago de la adaptabilidad a todas las circunstancias mis principios. Venid, hollows... - Murmuró antes de dar un paso hacia delante, no había viento, no había tierra, el ruido emitido por los gruñidos de los hollows no llegaba a los oídos, la concentración que había alcanzado me permitía hacer caso únicamente a lo que yo deseara, un murmullo, una explosión... - No tengo tácticas, yo hago del vacío y la plenitud mis tácticas... - Continué recitando mientras avanzaba corriendo, con Fenrir en horizontal y sujetándola con ambas manos; uno de los Adjuchas era bastante veloz y trató de atacarme con sus garras mas no me costó más que un simple movimiento de mis muñecas para cortarlo limpiamente y continuar avanzando. Ahora fue un hollow capaz de volar quien se lanzó en picado sobre mí, un sencillo salto bastó para evitarlo, además cogí impulso encima de aquel hollow para aumentar la velocidad a la que me movía pues si utilizaba el Sonido, la diversión se acababa.
Al caer al suelo bajé mi espada, cortando así a otro Adjucha en dos, durante este ataque, un pequeño grupo de cuatro hollows lo atacaron desde el frente y para esquivarlos, rápidamente salté hacia atrás lanzando un Cero desde mi espada y posteriormente girándome en el aire para golpear con mi pierna a otro hollow, obviamente reforzado con su poder, no lo maté a este tampoco, únicamente lo pateé de tal forma que su cuerpo impactó contra uno de los árboles destrozándolo. Un suspiro escapó de mis labios mientras volvía a adoptar una postura de ataque, con una sonrisa de satisfacción en la cara.
- No tengo talento, yo hago que mi astucia sea mi talento. - Dijo mientras los miraba desafiante con una sonrisa, notaba un ligero viento azotar mi piel, ya iba siendo hora de terminar con esto, la mayor expresión actual de mi poder, el Cero de los Espadas, el más poderoso de entre los diez Espadas, mi Gran Rey Cero. Comencé a subir mi reiatsu poco a poco al mismo tiempo que las partículas espirituales del entorno iban entrando en mí, me hice un ligero corte en la muñeca derecha y posteriormente volvió a sujetar a Fenrir con dicha mano. El Gran Rey Cero, una técnica ya devastadora de por sí pero que, en manos mías, su capacidad destructiva aumenta más aún volviéndose mi ataque más poderoso, siendo también mi mayor arma durante mi Resurrección.
- Lo siento, debo marcharme ya... - Coloqué de nuevo a Fenrir en horizontal a uno de mis laterales, listo para descargar aquella técnica en un amplio radio de ataque, la hoja de la espada comenzó a resplandecer de un color blanco intenso, casi cegador, no me apetecía jugar más asi que terminaría con esto ahora mismo. - No tengo amigos, yo hago de mi mente mi amiga... Gran Rey Cero. - La descarga de energía fue brutal, era de esperar pues esta técnica en mis manos no tenía la potencia de tres Ceros, sino de algo más de cinco. Una enorme zona del bosque fue destruida por completo, ni árboles ni Hollows, sólo algunos árboles destrozados en los límites de aquella zona ahora sin nada. Tras envainar a Fenrir comencé a caminar de nuevo, mi rutina había terminado y a decir verdad, ese último Cero descargó todas mis ganas de matar, era bastante sano desahogarse así de vez en cuando.
De nuevo tras caminar y caminar, estaba de nuevo en el desierto, ya había salido del Bosque Menos, ahora no tenía más que hacer al haber terminado aquel pequeño entrenamiento. Era de noche, siempre era de noche, Hueco Mundo era así, un mundo nocturno, pero eso tenía cosas buenas tales como la luna, pensando en esto comencé a caminar para dirigirme a mi lugar preferido de Hueco Mundo y desde donde mejor se veía la luna al menos según mi modo de verlo.
El Valle de las Lágrimas, ese fue mi siguiente destino, caminé hasta quedar frente a las aguas de aquel oasis y clavé a Fenrir frente a mí, sentándome yo para poder ver aquella arma que me había sido concedida una vez completé mi conversión a Arrancar. - Fenrir... - Dije, como si esperara una respuesta, algo inútil pues ya sabía que las Zampakutô Arrancar únicamente contienen la verdadera forma de cada uno, en mi caso, un lobo, un licántropo era mi Resurrección. Suspiré y miré al cielo, no había mucho más que hacer, ahora únicamente podía relajarme tras aquel pequeño entrenamiento por lo que lo haría con algo de música. Busqué dentro de mi hakama, encontrando al poco tiempo un pequeño instrumento de viento que me llevé a los labios que esbozaban una sonrisa.
- No tengo amigos, yo hago de mi mente mi amiga. No tengo enemigos, yo hago del descuido mi enemigo. No tengo armadura, yo hago de la benevolencia mi armadura. No tengo castillo, yo hago de mi mente inamovible mi castillo. - Murmuré antes de comenzar a soplar, consiguiendo así que aquella flauta comenzara a emitir una tranquila y relajada melodía, hecha para eso, para relajar la mente, así estuve durante algún tiempo hasta que dí por finalizada la melodía.
- No tengo espada, yo hago de mi alma mi espada... - Después, sin decir nada más, guardé el instrumento en mi hakama, tomé mi Zampakutô, y desaparecí de un Sonido, debía descansar...
_________________
Ficha de RaajyaFuerza Fisica: 1
Fuerza magica: 1
Velocidad: 1
Resistencia magica: 1
Resistencia física: 1